miércoles, 18 de julio de 2007

el mundo sin mariposas

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un día,
cualquier día
en el futuro no muy lejano,
tal vez dentro de un año o la semana que viene,
en plena boda o graduación o nacimiento de niño,
(cuando menos lo esperemos
pero con toda seguridad más temprano que tarde),
de repente
de la nada
sin explicación alguna
sin antecedente
sin dejar rastro y sin pedir permiso,
desaparecen de la tierra y de los aires
todas las mariposas.

en el caribe,
el último huracán del mundo
se baja del aire sin terminar su trabajo.

en texas,
un apagón que simula una cueva:
las hélices turboeléctricas
se han quedado sin aliento.

en una playa de noche,
una chica feliz exhala: manos cálidas juegan
con sus cabellos largos, negros.
abajo, nadie acaricia su falda corta.

en todas las patrias,
las banderas, antes infladas de brío
se acobardan y se abrazan al asta con desgano.

en los mares: barcos de alas inútiles,
varados y tristes.

en los campos de golf,
jugadores iracundos descubriendo que el dedo recien chupado
ha mentido, costándoles el campeonato.

en la sección de turistas
del vuelo 136, Caracas-Bogotá,
una señora nerviosa desaprieta los ojos
deja de rezar y le agradece a Dios.

en la casa embrujada al final del pueblo,
los resquicios y pasillos dejan de aullar;
los niños pierden su miedo,
y se van.

en la India,
poco importa a los monjes si los violentos
trazos diagonales de la lluvia
se clavan ahora verticalmente contra el suelo.

en las granjas,
en los puertos y aeropuertos, en esos patios ridículos
donde la gente los pone de adorno,
los gallitos de bronce deciden callar.

en el parque,
la piel de la laguna está inmóvil:
sin estrías, ni arrugas,
sólo el chapotear de un par de patos.

no lejos de allí, sobre el verde intenso,
una niña amarilla persigue una larga bufanda roja:
en silencio, dócil, se rinde en pliegues a sus pies.

y un poco más cerca,
por donde venden los helados y los globos,
miles de niñas y niños amontonados en racimo,
con cabos de cuerda y carretes de hilo en sus manos,
ven caer del cielo,
como grandes aves muertas,
como enormes mariposas extintas,
los papagayos
con los colores más hermosos
que se hayan visto.

a mi lado,
el árbol de flores vivas y voladoras,
es ahora un simple árbol
que nadie besa y nadie mece.

estoy enamorado.

un hecho que yo no agradezco,
pero tal vez el mundo sí.

¿dolerá?
¿más de lo que ya ha dolido?
¿funcionará, por lo menos?

llego,
tomo la hoja fría entre mis manos,
arropo mi palma firme contra el mango de marfil.

de rodillas,
de cara ante un cielo que ha dejado de latir,
abro mi estómago y salen volando.

miles
millones,
incontables mariposas
escupidas del capullo de mi abdómen,
paridas a la fuerza a través de esa boca roja
abierta a pocos dedos de mi pecho.

estoy enamorado,
ya un poco menos,
ya no tanto,
ya no.

miles de millones de incontables mariposas.

la tierra y los cielos
vuelven a respirar.



.


.
(translation in progress)

THE WORLD WITHOUT BUTTERFLIES




one day,
any day
in the not too distant future,
maybe within a year or next week,
in the middle of a wedding or a graduation or the birth of a child,
(when we least expect it
but with all certainty sooner than later),
suddenly
out of nowhere
without an explanation
without precedent
without a trace and without asking for permission,
from the earth and the skies dissapear
all the butterflies.

in the caribbean,
the last hurricane in the world
steps off the air without finishing its work.

in texas,
a blackout the size of half the state,
because the turboelectric helixes
have ran out of breath.

in a beach at night,
a happy girl exhales: warm hands play
with her long, black hair.
below, nobody caresses her short skirt.

in all the fatherlands,
flags inflated with de brisk
cower and embrace themselves to the mast with apathy.

in the seas: ships of useless wings,
halted and sad.

in the golf courses,
jugadores iracundos descubriendo que el dedo recien chupado
ha mentido, costándoles el campeonato.

en la sección de turistas
del vuelo 136, Caracas-Bogotá,
una señora nerviosa desaprieta los ojos
deja de rezar y le agradece a Dios.

en la casa embrujada al final del pueblo,
los resquicios y pasillos dejan de aullar;
los niños pierden su miedo,
y se van.

en la India,
poco importa a los monjes si los violentos
trazos diagonales de la lluvia
se clavan ahora verticalmente contra el suelo.

en las granjas,
en los puertos y aeropuertos, en esos patios ridículos
donde la gente los pone de adorno,
los gallitos de bronce deciden callar.

en el parque,
la piel de la laguna está inmóvil:
sin estrías, ni arrugas,
sólo el chapotear de un par de patos.

no lejos de allí, sobre el verde intenso,
una niña amarilla persigue una larga bufanda roja:
en silencio, dócil, se rinde en pliegues a sus pies.

y un poco más cerca,
por donde venden los helados y los globos,
miles de niñas y niños amontonados en racimo,
con cabos de cuerda y carretes de hilo en sus manos,
ven caer del cielo,
como grandes aves muertas,
como enormes mariposas extintas,
los papagayos
con los colores más hermosos
que se hayan visto.

a mi lado,
el árbol de flores vivas y voladoras,
es ahora un simple árbol
que nadie besa y nadie mece.

estoy enamorado.

un hecho que yo no agradezco,
pero tal vez el mundo sí.

¿dolerá?
¿más de lo que ya ha dolido?
¿funcionará, por lo menos?

llego,
tomo la hoja fría entre mis manos,
arropo mi palma firme contra el mango de marfil.

de rodillas,
de cara ante un cielo que ha dejado de latir,
abro mi estómago y salen volando.

miles
millones,
incontables mariposas
escupidas del capullo de mi abdómen,
paridas a la fuerza a través de esa boca roja
abierta a pocos dedos de mi pecho.

estoy enamorado,
ya un poco menos,
ya no tanto,
ya no.

miles de millones de incontables mariposas.

la tierra y los cielos
vuelven a respirar.



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1 comentario:

MoniQueen dijo...

Hermoso escrito, más bien demasiado para haber sido producto de un ogro... pero bueno, es que no es un ogro cualquiera, se trata de un ogro confiable... hubiese preferido que el enamorado siguiera muy enamorado y se guedara todas las mariposas en su panza, porque a mi por bellas que puedan ser estas me dan mucho miedo, fobia y repeluz! Aunque imagino que para muchos igual es triste un mundo sin mariposas...